lunes 2 de noviembre de 2009

Y lo siento, cada noche

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Con sólo escuchar aquella canción, con sólo sentarme en esta silla sin espaldar – la cual, muy pronto, me produjo dolor de espalda-, con sólo encenderme esos tres cigarrillos que yacen convertidos en cenizas en el fondo de un improvisado cenicero - mis mejillas se tornarían de un color rojo intenso si te digo de qué va la forma y de qué está compuesto tal cenicero-, con sólo beberme casi toda una botella de Tequilla dorado, yo solo,... -odio utilizar puntos suspensivos cada vez que intento que mis pensamientos se traduzcan en algo escrito; últimamente recurro mucho a los puntos esos ( quizás es que ya no tengo nada para decirme; la verdad, creo, nunca he tenido nada para decirme a mi mismo; a la muestra el botón de que estoy escribiendo, nunca antes había escrito un apéndice de nada). Con sólo mirar por la ventana: me doy cuenta de cuanto te extraño, Natty.

Le he puesto a leer a mi compañero de cuarto , un negro alto y que se ve que pasó su triste vida en un gimnasio barato, eso que te acabé de escribir y me dijo:“basura, uno no le escribe a una muerta".

Natty, ayer me violó La Tullida, ella gritaba: “Hija, hazte de cuenta que eres tu". Nunca me contaste que ella te llegó a tocar eso que entre tu y yo era único, Natty. Venganza, es la palabra que más utilizo últimamente. Quiero creerme que no estás muerta, pero igual, quiero creerme que algún día voy a superar tu ausencia.

sábado 3 de octubre de 2009

¿Preguntas?

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Últimamente mis dedos de las manos se han ido encogiendo. Me duelen. Ya casi ni puedo levantar mi bastón como se debe. Creo que estoy perdiendo autoridad ante mis hombres; ya no les puedo romper la crisma como es debido. Apenas si logro tocarlos. Los doctores me dicen que padezco de artritis, una enfermedad que es hereditaria. Maldigo a mi mamá y a mi papá. ¡Malditos sean donde quieran que estén!. No es justo que de niña no se dieran cuenta a tiempo que padecía de Poliomielitis, hasta el punto que me confiné a caminar con un bastón por el resto de mi vida, como para que ahora me vengan a heredar su maldita artritis. Definitivamente, a veces, cuando me despierto, me levanto, me preparo una taza de café y entro en mi rutina de mirar por la ventana durante algunos minutos, el mundo se me viene abajo. Nada de esperanza a la vista. “Esperanza”, un mal invento de la humanidad… o quizás un buen invento. A la humanidad le gusta sufrir por algo inexistente. Hay veces en las que me deprimo como ostra, y sólo por un maldito invento. Lo que no es invento, es un buen polvo; ese se siente. Un buen polvo, ya sé quién me lo podrá dar, y así mi venganza se desbordara. Cuando mi hija Natalia se entere, no me creo en nada que esté muerta, se va a querer morir; su novio Debby, como le llama ella, no se lo esperara. Sólo espero que al muy hijo de puta se le pare; y si no, le embuto viagra hasta por los ojos.

sábado 12 de septiembre de 2009

No

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Lenta, muy lenta, demasiado lenta una gran nube negra cubre totalmente el sol. Parece que va a llover. Pasan los segundos, los minutos, las horas, llega la noche. En todo este tiempo he tratado de hablar otro idioma, me incliné por el francés. Ya me sé una canción en francés entera: Non, rien de rien, non, je ne regrette rien, ni le bien qu`on m`a fait, ni le mal tout ca m`est bien egal, non, rien de rien, non, je ne regrette rien…

- En serio, creí que se iba a largar una súper tormenta, pero nada. – dice Clau mientras guarda su sombrilla con muñequitos impresos de las Chicas súper poderosas. Siempre me han gustado las Chicas súper poderosas, en especial Burbuja. Pero, obvio, no se lo hago saber a Clau. No quiero que ella se entere que comparto algún gusto suyo.
- Ya era hora que guardaras esa sombrilla. – digo sin susurrar, asegurándome que ella me escuche.
- Hoy, Natty, estás de una actitud.- dice ella.
- ¿Qué actitud?
- Pues, pues… no sé cómo decirte.
- Hmmm, ok.

**

- Natty. Ahora, cuando fui a comprarte la comida se me acercó un señor.- dice Clau.
- ¿Y?- le pregunto sin mucho interés, la verdad. Clau me tiene acostumbrada a eso, a contarme historias de señores que le dijeron esto y lo otro, historias donde por lo general ella terminaría desnuda y en cuatro patas, follada hasta la medula en alguna habitación de un hotel.
- Pues esta vez no es nada que tenga que ver con sexo. – dice.
- Hmmm, bien, bien. – digo.
- El señor me dijo: “Las personas estamos sometidas a seguir tres pasos: nacer, crecer y morir. Sobriedad, borrachera y resaca. Lo único que a veces nos diferencia de las otras personas son los secretos que tiene cada quien.”
- ¿Y qué mejor manera para sacar a relucir los secretos que un señor que está borracho?
- Estoy hablando algo serio, Natty.
- Bueno.
- El señor luego añadió: “Ahora yo le voy a contar mi secreto... mi secreto es: Deje así… No vale la pena el esfuerzo.”. Creo, Natty, que me estaba hablando de ti. No vale que tu y yo seamos almas gemelas, algo no está funcionando.
- ¿Cómo qué algo no está funcionando?
- Natty, creo que tú estás mejor sin mí.

Es verdad. Que te vaya bien en la vida Clau.

- No, Clau. ¿Por qué estaría mejor sin ti?, tú has sido la mejor amiga que he tenido en toda la vida- digo.

Sin saber empiezo a llorar a moco tendido. Tal vez Clau me vaya a hacer falta.

sábado 5 de septiembre de 2009

Así vivimos los zombis

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Son las 6:30 am, desde ya éste día da indicios de que no va a ser bueno, pero y así y todo ya me estoy acostumbrando. Ningún día, desde hace mucho, me depara algo bueno. Y no es que la pase mal; ya los hombres de La Tullida no me torturan como sí lo hicieron los primeros días, cuando estaba yo recibiendo zendo golpe en la cara inmediatamente después de levantarme del piso por el golpe que me tiró hacia este. Me dolía todo el cuerpo en ese entonces. Ahora, con el tiempo, el dolor se ha vuelto un placebo en una esperanza de que pase algo, que de nuevo me vuelva a inquietar por sentir cualquier cosa.

**

El tipo al que estamos esperando nos dijo que estuviéramos cumplidos porque o si no empezaba sin nosotros. Una hora de retraso lleva. Una hora que bien la pude dormir en mi cuarto cárcel asignado. Una maldita hora en la que me la he pasado, en un parqueadero al aire libre, mirando ir y venir a una hilera de hormigas gigantes rojas. Estamos esperando por el que nos dirá a quién tenemos, esta vez, sacarle información apunta de cachazos de pistola.

- A esta hormiga, la más grande de todas, la voy a llamar Didier.- digo.
- ¿Didier? – pregunta el tipo gigantón que me acompaña y que está vestido como Don Johnson en Miami Vice.
- Sí.
- ¿Y por qué Didier? Esa hormiga no tiene cara de Didier.
- Hmmm, sí tiene cara de Didier.
- Madrugar, y que nos dejen esperando por más de una hora, te tiene alucinando.
- ¿Qué hora es? – pregunta otro gigantón, el que es el chofer del carro que nos llevará a nuestro destino de sed de sangre.
- Las siete y media – dice gigantón Don Johnson.
- Yo estoy aquí desde las seis en punto. – dice el chofer.
- Ah no, a usted si lo compadezco.- digo. Compasión, algo que ya no sé qué es.

domingo 23 de agosto de 2009

Confesiones

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La primera vez que hablamos era de noche. Yo estaba borracho. Tú te acabas de escapar de tu casa por primera vez. Tenías en la mano una sierra desechable, te veías exhausta. Respirabas, exhalabas, apoyabas tus manos en tus rodillas. Sudabas a mares. Llevabas una pantaloneta gris y una camiseta blanca casi transparente que hacía que se te notaran los pezones porque de la carrera que tenías al escapar, se te olvidó ponerte sujetador. Te miré de arriba abajo y de nuevo te miré de arriba abajo; mi primera erección contigo.

-Usted, tanto mirar hacia mi ventana ¿y nunca se le ocurrió coger una sierra, escalar por la pared de mi casa y salvarme de la tullida? - me dijiste con la voz entrecortada. La verdad, no se me ocurrió, ya ves. Lo siento. Pero te dije que no, que lo que intenté fue derribar la casa entera con el poder de mi mente, menos tu habitación.- ¡Estúpido!- me atacaste.

- Esos botones no son de esa camiseta.- yo, dándote la razón en lo de que soy estúpido, te respondí señalando tus tetas. Ese día me diste la primera cachetada, luego me desmayé.

Al otro día abrí los ojos y el sol, al frente mío, me dada en la cara. Tú rostro entró en mi plano periférico tapando a el sol. Parecías un ángel. Llorabas. En tus labios parecías suplicando algo.

- ¿Eres Dios?- pregunté.

Dos segundos más tarde vi cómo la Tullida te alejaba de mi, devolviéndote a tu habitación cárcel. Inmediatamente patadas en el estomago y en la cara me dieron los hombres de la Tullida, advirtiéndome que me alejara de ti. Era la primera vez que escapabas, y yo estaba tan borracho. Y me cuidaste la borrachera. Natty, Te extraño mucho, mucho.

sábado 15 de agosto de 2009

La luna no es de queso

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Aprieto mi nariz con mis dedos, cierro los ojos y me sumerjo en el agua, hasta el fondo. ¿Qué canciones existen sobre la muerte? Por más que intente recordarlas no doy con ellas, al menos no canciones que me gusten. Cinco segundos después, de nuevo, estoy en la superficie. Cinco intentos de morirme ahogada. Cinco fracasos.

- Natty, ¿no piensas salir de esa piscina? Llevas más de dos horas allí metida, no has desayunado ni almorzado, me preocupas. – dice Clau, mi mejor amiga, o al menos eso es lo que dice ser ella desde hace unas semanas. En el hospital, cuando ya se habían llevado a Debby y bajé con precaución por las escaleras, Clau se atravesó en mi camino, me compuso el brazo, me lo enyesó y ¡zas!, de repente ya éramos almas gemelas según ella.
- Ya salgo.- le digo.
- “Ya salgo”, es lo único que dices. Me aburren mucho los que siempre están diciendo que van a hacer algo y luego no lo hacen. Natty, no seas así.
- A mí me aburren mucho las personas que esperan algo de mí, luego sus caras de decepción no me las aguanto, son horribles.- susurro.
- ¿Dijiste algo, Natty? … óyeme, ¿podrías ayudarme en algo?- dice Clau.
- No, muérete.- últimamente me he hecho una experta en susurrar, ¿existen concursos sobre el susurro?
- ¿Qué? No te escuché, Natty.
- ¿En qué puedo ayudarte, Clau?
- Con las tiras del bikini. De nuevo no puedo despegármelas de la espalda, me arden.
- Por Dios, Clau, te he dicho mil veces que dejes de usar esas tiras transparentes, son feas e incomodas.
- ¿Si me ayudas?
- No, sé que lo que intentas es hacerme salir de la piscina.

¿Alguna vez tuve “grandes sueños”? si los tuve, cómo era de suponer, terminaron en pesadillas, o cómo mejor se le puede llamar: realidad. Algo que rescato de la realidad:… el sexo. Sexo, sexo, sexo, llevo pensando en eso desde que ya no estás conmigo, Debby. Estabas borracho la primera vez que lo hicimos. Mi primera vez. Fue un desastre. Debby ¿qué habría sido de nosotros si nunca te hubiera dado una segunda oportunidad?, ¿estarías felizmente con otra mujer? …Obvio que sería una mujer fea. Maldita sea, hubiera preferido que ese día en el hospital la Tullida nos matara a los dos, que no te sacrificaras y que nunca me hubiera ayudado Clau a sufrir esta maldita soledad, a estar sin ti. Mis lágrimas ahora hacen parte del agua de la piscina. Debby, me pregunto si te habrán enterrado en algún cementerio, podría averiguar cuál es y podría ir a visitarte. Cuando te visite te voy a llevar flores, aunque nunca supe si te gustaban.

- Natty, ¿de nuevo estás llorando?- me pregunta Clau.
- No, estoy sudando por los ojos, Clau estúpida. – definitivamente ganaría el concurso de susurros. I miss you Debby.

lunes 3 de agosto de 2009

Guns´n Roses, ¿te gustan?- preguntó

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A veces cuando me sentaba en la ventana de mi habitación cárcel, el viento traía consigo la triste melodía de una guitarra acústica que a mi parecer sonaba destemplada. No me importaba que sonara así, me gustaba esa melodía, se acoplaba a la perfección a mi situación: niña encerrada, triste/ guitarra destemplada, triste/ un acorde, una lágrima; ambos ritmos sincronizados a la perfección. Años después, cuando empecé a ver y a entender películas, me hice a la idea de que desde muy niña era afortunada al tener banda sonora propia, banda sonora que me acompañaba sin tener que darle play a un equipo de sonido, armonía que llegaba con el viento, de la nada… banda sonora que dejó de sonar de repente al aparecer Debby en mi vida. Recuerdo que Debby una vez intentó reproducir esa melodía con una guitarra que pidió prestada claramente para eso en una casa de empeño, pero fracasó, ¿y cómo iba a tener éxito si nunca la escuchó?, Debby, Debby.

**

Debby mira el pavimento mientras, obligado a punta de pistola por dos hombres de La Tullida, camina a paso lento, saliendo de la terraza de este hospital. Estoy arrodillada detrás de un cubo de basura, observo la situación. Me muerdo el labio inferior con ímpetu y no puedo parar de arrancarme con los dedos los cueritos sueltos que tengo al lado de las uñas. No puedo evitar llorar, no era esto lo que quería… Quiero gritar… si grito entonces no le van a creer a Debby que alcancé a escapar y él no… qué plan tan “genial” el dejarme sola, que buena "solución"… Mierda, Debby, no te tenías que sacrificar. Definitivamente, a veces, los hombres no entienden nada…

Debby, iré por ti. Te amo.